Lucy Lippard

Eva Phillips, Lora King y Crystal Cruise

En 1968 Rubye Mae Grffith y Frank B. Griffith publicaron un libro de pasatiempos llamado: Cómo hacer algo de la nada. En la portada, (la cual sirve para vender un libro) el nombre de él está escrito antes que el de ella, mientras que en la parte interna del libro (donde no podría causar ningún daño), ella aparece antes que él, lo cual, hace tentador pensar que fue ella quien escribió la dedicatoria criptofeminista: ” A las nadas, con ánimo de que se conviertan en algos”. El libro trata de la transformación de latas, huesitos de res, cuchillas viejas, canastas de pan, botellas… en objetos más o menos decorativos. Los autores declaran el siguiente credo:

Este libro…es simplemente una colección de ideas intentando alentar tus propias ideas…Queremos que hagas las cosas a tu manera…convertir nada en algo es un deporte muy inventivo, debido a que es creativo, espontáneo y original, libera tensiones, desata nudos de frustración y te brinda una maravillosa sensación de placer y logro. Así que experimenta, atrévete, improvisa, -disfruta cada minuto-, y tal vez descubras, como lo hicimos nosotros, que una vez que comienzas a hacer algo de la nada, no podrás parar, y lo que es más, ¡no vas a querer parar!

A pesar del tono y el énfasis en el placer, impopular en círculos serios, este “deporte” suena mucho a bellas artes o Arte con mayúsculas, ¿Por qué entonces estos objetos no son Arte? “Falta de calidad” sería la primera respuesta dada, “copias” la segunda, aunque ambos argumentos podrían aplicarse de la misma manera a la mayoría de las obras más sofisticadas que se ven en las galerías y museos. Si el arte es popularmente definido como único y provocativo, objeto de belleza e imaginación,  el trabajo de muchos de los mejores artistas contemporáneos debería ser descalificado junto con el de muchos artesanos. Y a los ojos de una amplia audiencia, muchos de los trabajos de aficionados talentosos podrían calificar, aún cuando muchos de estos trabajos ni siquiera serían llamados “artesanías” por los puristas en ese campo. 

Si bien es verdad que toda esta cuestión con los nombres nos desvía del verdadero problema, me hace preguntarme si el nombre de “Arte” podría ser cambiado por otro menos intimidante y más atractivo. Por otro lado, ¿se vería al “Arte”, con cualquier otro nombre, tan impresionante, respetado y tan comercialmente valioso? No trataré de responder estas preguntas tan complejas aquí, simplemente las ofreceré cómo una manera alterna de pensar sobre aspectos menos obvios del arte del hacer.

Mucho se ha hecho en la necesidad de borrar las  falsas  distinciones  entre bellas artes y artes “menores”, Artes con mayúsculas y arte con minúsculas, arte y artesanía- distinciones que particularmente afectan al arte hecho por mujeres. Pero no olvidemos que también hay artesanías “altas” y “bajas”, Si bien es cierto que  las mujeres han ejercido mayor poder en el mundo de las artesanías que en el del arte, ambos campos están plagados de los mismos problemas. Las artesanías sólo necesitan un paso más en la escala económica y respeto estético para ser dirigidas a museos de artesanías, en lugar de los hogares de la gente. 

Vista de la exposición lines on the Horizon Native American Art from the Weisel Family Collection en De Young Museum de San Francisco.

Quizá hasta que el carácter de los museos cambie, todo lo que termine en ellos seguirá siendo una muestra del gusto de la clase alta por objetos costosos y  dudosamente “útiles”. Durante la mayor parte de este siglo, la relación predominante entre el arte y “las masas” ha sido forjada por la nobleza paternalista, a través del “debe pasar por el buen gusto y conocimiento de nosotros, quienes estamos educados para saber lo qué es correcto, para después llegar a aquellos que carecen del gusto, tiempo, y dinero para saber qué es Bueno “. Artistas y artesanos como William Morris, de Stijl y los constructivistas rusos, han soñado con utopías socialistas donde la vida de todos sería mejorada a través de ambientes y objetos tanto bellos como accesibles. Aún, el camino  del  departamento de diseño del Museo de Arte Moderno [MoMA, Nueva York], también pavimentado con buenas intenciones, indica el destino de dichos sueños en una sociedad capitalista de consumo . Pionero  en traer al público lo mejor disponible en diseño comercial, mediante una admirable exhibición en el museo de estos  ready mades, tales cómo un resistente y bello cuchillo para picar, de 39 centavos, o una taza de café de 69 centavos, que en su mayoría han dado paso a instalaciones más típicas de Bonnier’s, DR, o algún showroom de muebles italianos chic. 

Esto es, y suele ser, una cuestión de público, así como una cuestión de clasificación. (Una siempre sigue a la otra.) ¿Quiénes ven estos objetos en el MoMA?, La mayoría de la gente que compra cuchillos de cocina de 3 dólares, y tazas de café de 8 dólares, que a menudo son meramente ejemplos “elevados” de versiones más baratas, con refinamientos o simplificaciones innecesarias. El Buen Gusto termina, nuevamente, siendo prisionero económico de las clases que dominan la cultura y rigen las instituciones. El mal gusto es preferido por aquellos ingratos, lo suficientemente maleducados como para  ignorar o  lo suficientemente independientes para rechazar las imposiciones que les son dadas desde arriba. Su falta de entusiasmo proporciona una excusa para que los filántropos estéticos, con las manos mordidas, dejen de alimentar a las masas. 

Las normas  del buen y mal gusto establecidas por la clase dan un paso atrás y se vuelven a clasificar.

Tal es el proceso por el cual, tanto los objetos de “diseño” como las “grandes” artesanías se han convertido precisamente en la mercancía de consumo que el  “artista” socialmente consciente y poco convencional trata de evitar.

Históricamente, artesanos, cuyo trabajo aún existe en un equilibrio menos exaltado entre la función y el comercio, han sido más conscientes de las contradicciones inherentes entre arte y artesanía. La distinción entre diseño y “grandes” artesanías es moderna. Ambas tienen sus orígenes en las artesanías “inferiores” de períodos anteriores, a veces elevados al nivel de “arte popular” debido a su utilidad como fuente para las bellas artes. Un “diseñador” es simplemente el artesano de la era tecnológica, ya no está obligado a hacer su propia creación. La Bauhaus se convirtió en la cuna del diseño industrial, pero los tapices, los muebles, los textiles y los juegos de té fabricados allí seguían siendo principalmente obras de arte. Hoy en día, los artículos para el hogar más populares en toda la gama de gustos desde la clase media-baja a la media-alta estadounidense, se deben mucho estilísticamente a las artesanías “primitivas” o “inferiores” (mexicanas, asiáticas y nativo americanas) como a lo racional del Estilo Internacional. De hecho, el diseño popular tiende a combinar ambos, los cuales se encuentran en un punto (a menudo ilegítimo) de “simplicidad” para luego convertirse en “kitsch”: ejemplos diluidos del Buen Gusto que se esconden en museos, tiendas caras y hogares de ricos, inaccesibles para todos los demás.

Los libros de pasatiempos reflejan la manera en la que el Buen Gusto todavía es indiscutiblemente establecido por el sistema de clases. Diferentes libros están claramente dirigidos a diferentes gustos, aspiraciones y niveles educativos. Por ejemplo, Creating with Cattails, Cones and Pods (Creando con juncos, conos y vainas) de Dot Aldrich, no está dirigida a la ama de casa citadina de la clase trabajadora o a la madre con apoyo económico del gobierno (que no podría permitirse el tiempo ni los materiales) tampoco a la esposa del agricultor (que ya ve suficientes hierbas en su trabajo diario), pero sí a la mujer de clase media suburbana que piensa en términos de “creación”, tiene tiempo libre y acceso a los materiales. Aldrich se describe a si misma en la solapa del libro como miembro del club de jardinería, naturalista y artista; el libro está ilustrado por su hija. Detalla muy claramente la construcción de muebles para casas de muñecas, ramilletes y “arreglos” hechos con plantas secas y ocasionalmente con cáscaras de fruta. Su gusto es firmemente establecido como “bueno” dentro de su clase, aunque podría ser visto por la clase alta como un “arte casero” y poco sofisticado, o como feo y poco decorativo por la clase trabajadora.

Por otro lado, Feather flowers and Arrangements (Flores con plumas y arreglos) de Hazel Pearson Williams, tiene el aspecto sórdido de un catálogo de pedidos por correspondencia; es una serie de cursos de manualidades para hacer jaulas, mariposas, velas y abanicos con materiales llamativamente coloridos en vez de optar por materiales naturales . El libro está claramente dirigido a un público totalmente diferente, uno que, se supone, responde a tales colores y que no tiene una apreciación estética por la superioridad “intrínseca” de los materiales naturales sobre los artificiales, sin mencionar una incapacidad para pagar por los segundos.

Los objetos ilustrados en libros como los de los Griffith, no son ni Gran Arte,  ni Gran  Diseño, ni Grandes Artesanías. Sin embargo, estos libros son innumerables, y están claramente dirigidos a mujeres -las bricoleurs (trabajadoras no profesionales) por naturaleza – tal como lo ha señalado Deena Metzger. Generalmente los libros son escritos por una mujer, en el caso de que un hombre sea el coautor, casi siempre parece ser el esposo, lo que añade cierto aire acogedor y familiar; además le proporciona una excusa para involucrarse en frivolidades femeninas (dignificando tales frivolidades mediante su participación). La necesidad es la madre de la invención, no el padre. El sentido de cuidado y de atención de una ama de casa se enfoca en cocer, cocinar, decorar interiores, tanto por condicionamiento, cómo por necesidad, proporcionando cierto vínculo entre las amas de casa de clase media, mujeres  de la clase trabajadora y mujeres con alguna carrera universitaria (estoy hablando sobre de la construcción de un hogar, no sólo de mantenerlo;  el “buen mantenimiento del hogar” no es un privilegio para la creatividad dentro del hogar. Incluso podría ser lo contrario, ya que la mujer del hogar a menudo está más orgullosa de su casa, de su contenedor, que de sí misma) Incluso en estos días las mujeres siguen siendo educadas para tener un sentido del detalle exagerado y una necesidad de estar “ocupadas”, frecuentemente generados por el aislamiento dentro de un espacio en particular y por el énfasis en la actividad de limpiar y servir. 

Monica Ross, Representations of the Artist as Housewife, 1977

Una mujer visualmente sensible qué pasa día tras día en las mismas habitaciones desarrolla una compulsión por cambiarlas, adornarlas, expandirlas, un ímpetu alentado por los libros de pasatiempos. 

Las decoraciones excesivas en el hogar y la afición por los bric-à-brac (objetos de colección) generalmente atribuida a la cursilería femenina o simplemente al Mal Gusto, también podría ser atribuida a una inquietud creativa. Desde que muchos de los objetos caseros se producen como pasatiempo y están orientados hacia el mejoramiento del hogar, éstos inspiran menos miedo a sus creadoras de ser catalogadas como “egoístas” y “autocomplacientes”. No hay ninguna confusión sobre pretensiones del Arte, y las mujeres son libres de hacer cualquier cosa que ellas puedan imaginar. (Es cierto que la imaginación se estimula generalmente por la exposición al trabajo de otros, tal como sucede con los artistas de “verdad” que de forma similar  dependen del circuito del arte y de la exposición al del trabajo de sus colegas.) Hacer “piezas de conversación” como pinzas para ensalada de cuernos de ciervo o una Madonna en una gruta esculpida en una concha de abulón, un buzón hecho de una vieja caja de pan, o viceversa, pueden ser un preludio para romper con la excusa “funcional” haciendo objetos totalmente “inútiles”.

Ahora que la mujer confinada en su casa tiene un poco más de espacio para el ocio, gracias a los así llamados dispositivos de ahorro de trabajo, sus pasatiempos son probablemente más de carácter cultural. Cuanto menos privilegiada es ella, hay mayor probabilidad de que sus intereses se mantengan dentro del hogar, siendo el enfoque de su arte el mismo que el de su trabajo. Mientras más privilegiada y educada sea ella, es más probable que busque fuera de su hogar estímulos o influencias; pasar su tiempo leyendo, asistir a conciertos, teatros, bailes, mantenerse “bien informada”. Sí ella es nueva en la clase alta, se aventura desde sus gustos arraigados hacia otras esferas donde debe ser cuidadosa con sus opiniones y acciones, por lo que es probable que su inseguridad la conduzca a la docilidad clásica del público de clase media, receptible a lo que los “expertos” le digan qué pensar acerca de las artes. El término “buitre de la cultura” es aplicado mayormente a estas mujeres. Y se entiende la Cultura, en el espíritu evangélico de la ética del trabajo, generalmente inseparable de la idea de hacer “buenas obras”.

Las mujeres de clase media y alta, siempre son más firmes en su apoyo a la “cultura” que cualquier otro grupo, parecen necesitar la experiencia estética en un amplio sentido, más qué los hombres, quizás porque se les ha negado el negocio vital de dirigir el mundo, para el cual las mujeres educadas, hasta cierto punto, han sido preparadas; y dado que tienen el tiempo y contexto para pensar—pero no los medios para actuar. A pesar de que las mujeres de la clase media han sido frecuentemente fuertes en sus esfuerzos (Anónimos) en pro de la justicia social, la seriedad y el estatus amateur de tales actividades han sido ridiculizadas de manera constante, desde las películas de los hermanos Marx a las caricaturas de Helen Hokinson (cuyos subtítulos eran a menudo escritos por editores hombres del New Yorker).

Helen Hokinson, Ilustración para el New Yorker

     Sin embargo, La Liga de Mujeres Votantes, el trabajo voluntario de organizaciones culturales sin fondos, clubes de jardinería, círculos literarios, y grupos de discusión de las clases acomodadas han sido valiosas y algunas veces han tenido valientes intentos de salir al mundo mientras se mantienen suficientemente al margen del sistema como para no desafiar su núcleo masculino. Las contrapartes de la clase trabajadora tienen, por obvias razones, menores aspiraciones de mejorar las condiciones de otros ya que a su vez tienen dificultades con mejorar sus propias condiciones, en este contexto, el arte como pasatiempo, se vuelve más local y doméstico enfocándolo en trabajos para bodas, guarderías, trabajo social remunerado en lugar de voluntario, fiestas de Tupperware—y la asociación de padres de familia y maestros, donde todas las clases se reúnen. En cualquier caso, la ama de casa aprende a aceptar la burla en su día a día, ya sea que tenga intención de ser socialmente aceptada o simplemente quiera escapar de su casa de vez en cuando (los familiares son celosos del tiempo que pueda pasar en otro lado).

   La liberación de la mujer por fin ha empezado a erosionar la noción del papel de la mujer como espectadora que aplaude ante la creatividad del hombre. Pero como creadoras de arte (y no amas de casa), nosotras aún seguimos siendo intrusas dentro del territorio del hombre. No hay duda del por qué, entonces, al rededor del mundo mujeres privilegiadas y/o desesperadas y/o lo suficientemente osadas para considerar crear fuera de los límites tradicionales, están encontrando un medio para estos impulsos en el arte que no es considerado “Arte”, arte que permite tener una excusa para hacerlo, un arte que cuesta poco o nada y que desempeña aparentemente una utilidad funcional en el mercado de objetos que pueden ser adquiridos de manera fácil—el arte de hacer algo de la nada.

Si las opciones conocidas son pinturas que se pintan  por un número, o los “kit de arte” prefabricados que ofrecen las revistas de supermercado, libros como el de Los Griffith abren nuevos territorios. Sugerencias en la sección de “damas” y revistas de manualidades, no deberían ser menospreciadas tampoco. Después de todo, también se publicaron y distribuyeron patrones de edredones en el siglo XIX (así es como los estilos artísticos de moda están en el mundo del arte actual). El fabricante o grupo de fabricantes de edredones habría venido con nuevas ideas que romperían o enriquecerían las reglas, al igual que el indio Navajo productor de alfombras podría variar brillantemente entre un patrón y otro (los abstraccionistas modernos crean al adherirse a las reglas de innovación).

El patrón publicado y compartido forma el mismo tipo de armadura para el minucioso trabajo manual y para la libertad de expresión dentro de un contexto similar al que hace la cuadrícula que subyace en la pintura contemporánea. La mayoría de las mujeres modernas carecen de las habilidades, motivo, y o disciplina para hacer el tipo de trabajo manual que sus antepasadas hicieron por necesidad, Sin embargo Harmony Hammond ha mostrado a través de las suturas en su obra la manera en que el reciente arte abstracto hecho por mujeres muy a menudo surge de una adopción feminista de los aspectos positivos de la historia de la mujer. Relacionándose con lo antiguo, con la cadencia de siembra de Penélope, lo sensualmente repetitivo, con el arado, la recolección, el tejido e hilado, así como con las rutinas domésticas modernas.

Harmony Hammond, Presence V, 1972

Adicionalmente, el tejido, costura, bordado, confeccionamiento de alfombras y el Quilt[1] han regresado como tendencia dentro de la moda de las clases media y alta, ligándose al feminismo. Irónicamente, estas artes ahora son practicadas por la gente rica para liberarse del aburrimiento y de la presión social más que por la necesidad emocional de hacer conexiones con mujeres del pasado. Lo que una vez fue trabajo ahora se ha convertido en Arte o “alta” artesanía -digna de museo así como validado comercialmente .

De hecho, a principios de los setentas, cuando las alfombras y edredones hechas por los navajos se exhibieron en museos de bellas artes de Nueva York, fueron elogiados por artistas hombres como Frank Stella y Kenneth Noland como objetos atrevidos, diseños geométricos abstractos, neutros y carentes de género. Si hubieran sido presentados como exposiciones de arte femenino habrían sido vistos de una manera muy diferente y probablemente no se habrían visibilizado para nada en el contexto de las bellas artes de ese momento.

Cuando las feministas señalaron que estas obras tan admiradas y calificadas como “fuertes” eran en realidad “artesanías” hechas por mujeres, uno podría haber esperado que el arte tradicional de las mujeres se tomara más en serio, sin embargo, tales préstamos desde “abajo” aún deben validarse desde “arriba”.  La exposición The Art of Assemblage montada por William C. Seitz en el Museo de Arte Moderno en 1961, reconocía el papel original y fundamental de los objetos populares como fuente para el Cubismo, Dada y el Surrealismo, y que predecía el arte Pop, pero nunca tuvo en consideración el trabajo hecho por  mujeres como el clásico bricolaje. Se necesitó de un hombre, en este caso Claes Oldenburg, para que la escultura de tela se volviera aceptable, a pesar de que fue su esposa, Patty, quién hizo el verdadero trabajo de costura. A veces los hombres incursionan en las esferas mas bajas del arte, como el hacer manualidades con desperdicios en casa, pero cuando un hombre hace, digamos, una figura de macarrones o una “última cena” de cuero hecha a mano, tiende a elevar la actividad en lugar de bajar él de su esfera, y probablemente salga en el periódico local. En cambio las mujeres que llegan a meterse en las esferas de los hombres, por otro lado siguen siendo inferiores o simplemente anormales excepcionales.

Se supone que los hombres son los “hábiles en la casa”, son quienes  “arreglan” las cosas mientras que las mujeres hacen el quehacer. Esto es un mito, por supuesto y uno muy popular. Ciertamente hay tantas mujeres que hacen reparaciones domésticas como hombres, pero tal vez el mito fue ideado por las mujeres para obligar a los hombres a invertir un poco de energía en rozar o atender algún aspecto del hogar. El hecho permanece, ya que cuando una mujer llega a hacer algo, es más común que no tenga un carácter especial, ya sea que esto se origine del juego de roles, de la división de trabajo, o de condiciones más profundas. La diferencia puede definirse frecuentemente como una especie de “fragmentación positiva” o como un collage estético -la mezcla y unión de fragmentos para producir un nuevo conjunto. Por consiguiente el limpiador de botas hecho con tapa roscas sugerido en uno de los libros de pasatiempos también podría ser un objeto surrealista. 

Pero no es así y esto no es completamente una desventaja. El estatus amateur del arte como pasatiempo no sólo disipa la necesidad de costosas clases de arte, a la vez subvierte el proceso de intimidación que toma lugar cuando el dominio masculino del “arte elevado” se acerca. Tal y como están las cosas la mujer (y especialmente ella) puede hacer arte como un pasatiempo de  manera relajada, aislada del mundo “real” del comercio y de las presiones del esteticismo profesional. Durante el proceso creativo actual, esto es una ventaja, sin embargo cuando el asistente del ego creativo necesita tener un público, el siguiente paso no será la galería, sino la “industria artesanal”. La tienda de regalos, la feria de artesanías del condado y el mercado de arte al aire libre muestran los espacios disponibles para las mujeres. Donde no se encuentra el gran mundo del arte, o no lo hacía hasta que fue (en cierta medida) abierto por el movimiento artístico feminista. Por esta razón, muchas artistas profesionales en el pasado hicieron tanto “arte público” (lienzos y esculturas aceptables para galerías y museos, conforme a una combinación de los gustos artísticos globales que respondían a su actualidad) como también arte “privado” o arte de “closet” (elaborado por “razones personales” o “sólo para si mismas” -como si la mayoría del arte no se hiciera de esta manera). Con la llegada del nuevo feminismo, lo privado fue transformado o fusionado con lo público en mucho del arte hecho por mujeres. Lo delicado, lo íntimo, lo obsesivo, incluso lo “lindo” y lo “quisquilloso” se han vuelto más aceptables, especialmente en círculos de arte feminista. Se han hecho una llamativa cantidad de descubrimientos recientes de arte soterrado hecho por mujeres artistas, profesionales y amateur, que guarda similitudes con las Chotchkas ampliamente ridiculizadas como juguetes de mujeres y especialmente despreciado en décadas recientes durante el auge del funcionalismo neo-Bauhaus. Los objetos ilustrados en Feather  flowers y en Arrangements tiene un sello muy parecido a lo que ahora es llamado arte de mujeres, con tendencia hacia las formas que han sido llamadas imaginario femenino. 

Bill Stagg frente a uno de sus Quilts

Hoy estamos reviviendo las actividades de nuestras madres, tías y abuelas -no sólo en las áreas bien difundidas como la del Quilt y textiles, sino también áreas mas aleatorias y con una amplia libertad como el de la rehabilitación y transformación de objetos . En un nivel tanto emocional como práctico, la rehabilitación de objetos siempre ha sido un trabajo de mujeres. Parchar, hacer dobladillos de cuellos y mangas, remendar ropa vieja, cambiar botones, restaurar o tapizar viejos muebles, son todas acciones que sirven como recursos tradicionales en la vida privada de las mujeres económicamente desfavorecidas para dar a su familia dignidad pública. El síndrome continua hoy en día, incluso en las prosperas sociedades occidentales la ropa barata se deshace antes de que pueda ser rehabilitada por una ingeniosa reparación para hacerla más aceptable (hasta el punto donde nuevas piezas de ropa costosas están hechas para “lucir rehabilitadas” y las tiendas de segunda mano son visitadas por gente acomodada). De esta forma “hacer algo de la nada” es un título brillante para un libro de pasatiempos, ya que apela tanto a las amas de casa como al espíritu norteamericano del emprendedor, un medio potencial para hacer dinero rápido.

Por último, surgen algunas cuestiones respecto a las recientes obras de arte “tradicionalmente orientadas” de las mujeres. ¿Las fuentes son directas desde los Quilts a las manualidades mostradas en la feria del condado o son indirectas, a través de Dada, el surrealismo, el funk de la costa oeste o del propio arte feminista? ¿el parecido entre el arte mundial femenino con el arte como pasatiempo es resultado de la coincidencia, producto de la influencia, el condicionamiento o alguna sensibilidad femenina inherente? ¿O es simplemente otro caso de una revalorización por lo que está pasado de moda, o una movilidad de la moda hacia abajo? El problema se extiende de origen al público.

Las artistas feministas se han vuelto mucho más conscientes del arte tradicional hecho por mujeres a diferencia de la mayoría de los otros artistas, también son políticamente conscientes de la necesidad de ampliar su público, o de la necesidad de extender el tipo de experiencia social que las artes reflejan. Aún cuando los medios para cubrir estas necesidades ya han sido explorados. La mayor carencia en el movimiento artístico feminista puede ser la falta de contacto y diálogo con aquellas “amateurs”, “aficionadas” cuyo trabajo a veces parece ser imitado por los profesionales. Judy Chicago y sus compañeras de trabajo en The Dinner Party, con sus colaboraciones con pintoras chinas y costureras, Los intercambios de pañuelos de Míriam Schapiro y el crédito dado a las  mujeres  que bordaron para ella, el grupo “Mother art” de Los Ángeles, cuyos performances ocurren en lavanderías y situaciones públicas/domésticas similares, el “Postal Art Event” ocurrido en Inglaterra y algunos otros ejemplos son excepciones a la regla. Parece muy probable que sólo en un mundo del arte feminista exista una oportunidad para que las “bellas” artes, las artes “menores”, las “artesanías” y un circuito del arte “amateur” puedan conjugarse y desarrollar un arte del hacer , con una nueva y revitalizada  función comunicativa. Esto no sucederá si el mundo del arte feminista continúa siendo absorbido por el mundo del arte patriarcal. 

Y si sucediera, la siguiente pregunta sería ¿en qué medida se puede conciliar este trabajo con los diversos criterios que determinan la “calidad” estética en las diferentes esferas, grupos, y culturas? La conciencia visual feminista, tan interesada como está ahora con los imaginarios femeninos y cada vez más en el proceso femenino, todavía tiene un largo camino por recorrer antes de que nuestras visiones estén lo suficientemente claras para ver a todas las artes del hacer como productos equivalentes de un impulso creativo, determinado socialmente por una necesidad personal. Desde que la idea ya no sea convertir a las nadas en algos, si no transformar y dar significado a todas las cosas. En este reino utópico, el Buen Gusto no será estandarizado en museos, sino que va a variar de lugar a lugar, de hogar a hogar. 

Texto publicado en el volumen 4 de Heresies, 1978

Traducción a manera de quilt por: Mariel Álvarez Manuel, Regina Hernández Rodríguez, Xhanté Juárez Flores, Valeria Ramírez González, Oscar Rivera Velázquez, Gabriela San Vicente Torres, Omar Bocanegra, Mateo Yáñez Gasca, Daniela Flores Arias.


[1] Práctica textil, que llegó a Norte América con los peregrinos, aunque se remonta a varios siglos antes de nuestra era, consiste en producir un edredón usualmente con tres capas de tela, el decorado de estos es creado por un patrón a partir de la unión de distintos trozos de tela, en el siglo XX se empezaron a incorporar dentro del campo del arte